UNA MUJER DEBE TENER…
suficiente dinero bajo su control…
para mudarse y alquilar un lugar para ella…
aun cuando ella nunca lo haya deseado o necesitado…
UNA MUJER DEBE TENER…
algo…perfecto para vestir… si su jefe…
o el hombre de sus sueños…
quiere verla en una hora…
UNA MUJER DEBE TENER…
una juventud que ella este contenta de dejar atrás…
UNA MUJER DEBE TENER…
un pasado suficientemente jugoso…
para que ella se complazca en relatarlo
durante su vejez…
UNA MUJER DEBE TENER…
un juego de destornilladores, un taladro recargable…
y un brasier de encaje negro…
UNA MUJER DEBE TENER…
un amigo quien siempre la haga reír…
y uno que la deje llorar…
UNA MEJER DEBE TENER…
una buena pieza de mobiliario…
que nunca haya pertenecido a ninguna persona de su familia…
UNA MUJER DEBE TENER…
ocho platos que hagan juego,
copas para vino de tallo alto,
y una receta para una buena comida,
esto hará sentir a sus invitados… estimados…
UNA MUJER DEBE TENER…
una sensación…
de control sobre su destino…
TODA MUJER DEBE SABER…
como enamorarse sin perderse a si misma…
TODA MUJER DEBE SABER…
como dejar un trabajo,
como terminar una relación amorosa,
y como enfrentar a un amigo/a…
sin arruinar la amistad…
TODA MUJER DEBE SABER…
cuando actuar con tenacidad para salvar una relación…
pero también cuando decir ya basta…
TODA MUJER DEBE SABER…
que ella no puede cambiar el tamaño de sus mamas,
el ancho de sus caderas o la naturaleza de sus padres…
TODA MUJER DEBE SABER…
que su infancia…
pudo no haber sido perfecta… pero ya paso…
TODA MUJER DEBE SABER…
lo que ella puede hacer y lo que no…
no solo por amor sino por todo lo demás…
TODA MUJER DEBE SABER…
como vivir sola… aunque a ella no le guste…
TODA MUJER DEBE SABER…
en quien confiar… y en quien no…
y… por que no debe tomarlo como algo personal…
TODA MUJER DEBE SABER…
donde ir...
así sea para sentarse a la mesa de su mejor amiga/o…
o ir a un Hotel acogedor en las montañas…
cuando su espíritu necesita alivio…
TODA MUJER DEBE SABER…
lo que ella puede o no puede hacer…
en un día… un mes… o un año…!!!
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Només per a dones fenomenals (Mare Teresa de Calcuta)
Tingues sempre present que la pell s’arruga, els cabells es tornen blancs, els dies es converteixen en anys...
Però allò que és important no canviar. La teva força i la teva convicció no tenen edat.
El teu esperit és el plomall que espolsa qualsevol teranyina.
Al darrera de cada línia d’arribada, n’hi ha una altra de sortida.
Al darrera de cada assoliment hi ha un nou desafiament.
Mentre estiguis viva, has de sentir-te viva.
Yea!
Si trobes a faltar el què feies, torna-ho a fer.
No visquis de fotografies esgrogueïdes...
Continua encara que tots esperin que abandonis.
No deixis que es rovelli el ferro que tu tens.
Fes que, enlloc de fer llàstima, et tinguin respecte.
Quan no puguis córrer pels anys, trota. Quan no puguis trotar, camina i quan no puguis caminar agafa el bastó... però, no t’aturis mai!!
Però allò que és important no canviar. La teva força i la teva convicció no tenen edat.
El teu esperit és el plomall que espolsa qualsevol teranyina.
Al darrera de cada línia d’arribada, n’hi ha una altra de sortida.
Al darrera de cada assoliment hi ha un nou desafiament.
Mentre estiguis viva, has de sentir-te viva.
Yea!
Si trobes a faltar el què feies, torna-ho a fer.
No visquis de fotografies esgrogueïdes...
Continua encara que tots esperin que abandonis.
No deixis que es rovelli el ferro que tu tens.
Fes que, enlloc de fer llàstima, et tinguin respecte.
Quan no puguis córrer pels anys, trota. Quan no puguis trotar, camina i quan no puguis caminar agafa el bastó... però, no t’aturis mai!!
La tejedora (Marina Colasanti)
Se despertaba cuando todavía estaba oscuro, como si pudiera oír al sol llegando por detrás de los márgenes de la noche. Luego, se sentaba al telar.
Comenzaba el día con una hebra clara. Era un trazo delicado del color de la luz que iba pasando entre los hilos extendidos, mientras afuera la claridad de la mañana dibujaba el horizonte.
Después, lanas más vivaces, lanas calientes iban tejiendo hora tras hora un largo tapiz que no acababa nunca.
Si el sol era demasiado fuerte y los pétalos se desvanecían en el jardín, la joven mujer ponía en la lanzadera gruesos hilos grisáceos del algodón más peludo. De la penumbra que traían las nubes, elegía rápidamente un hilo de plata que bordaba sobre el tejido con gruesos puntos. Entonces, la lluvia suave llegaba hasta la ventana a saludarla.
Pero si durante muchos días el viento y el frío peleaban con las hojas y espantaban los pájaros, bastaba con que la joven tejiera con sus bellos hilos dorados para que el sol volviera a apaciguar a la naturaleza.
De esa manera, la muchacha pasaba sus días cruzando la lanzadera de un lado para el otro y llevando los grandes peines del telar para adelante y para atrás.
No le faltaba nada. Cuando tenía hambre, tejía un lindo pescado poniendo especial cuidado en las escamas. Y rápidamente el pescado estaba en la mesa esperando que lo comiese. Si tenía sed, entremezclaba en el tapiz una lana suave del color de la leche. Por la noche dormía tranquila después de pasar su hilo de oscuridad.
Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer.
Pero tejiendo y tejiendo ella misma trajo el tiempo en que se sintió sola. Y por primera vez pensó que sería bueno tener al Iado un marido.
No esperó al día siguiente. Con el antojo de quien intenta hacer algo nuevo, comenzó a entremezclar en el tapiz las lanas y los colores que le darían compañía. Poco a poco, su deseo fue apareciendo. Sombrero con plumas, rostro barbado, cuerpo armonioso, zapatos lustrados. Estaba justamente a punto de tramar el último hilo de la punta de los zapatos cuando llamaron a la puerta.
Ni siquiera fue preciso que abriera. El joven puso la mano en el picaporte, se quitó el sombrero y fue entrando en su vida.
Aquella noche, recostada sobre su hombro, pensó en los lindos hijos que tendría para que su felicidad fuera aún mayor y fue feliz por algún tiempo. Pero si el hombre había pensado en hijos, pronto lo olvidó. Una vez que descubrió el poder del telar, sólo pensó en todas las cosas que éste podía darle.
—Necesitamos una casa mejor— le dijo a su mujer. Y a ella le pareció justo, porque ahora eran dos. Le exigió que escogiera las más bellas lanas color ladrillo, hilos verdes para las puertas y las ventanas, y prisa para que la casa estuviera lista lo antes posible.
Pero una vez que la casa estuvo terminada, no le pareció suficiente.
—¿Por qué tener una casa si podemos tener un palacio? —preguntó. Sin esperar respuesta, ordenó inmediatamente que fuera de piedra con terminaciones de plata.
Días y días, semanas y meses trabajó la joven tejiendo techos y puertas, patios y escaleras y salones y pozos. Afuera caía la nieve, pero ella no tenía tiempo para llamar al sol. Cuando llegaba la noche, ella no tenía tiempo para rematar el día. Tejía y entristecía, mientras los peines batían sin parar al ritmo de la lanzadera.
Finalmente el palacio quedó listo. Y entre tantos ambientes, el marido escogió para ella y su telar el cuarto más alto, en la torre más alta.
—Es para que nadie sepa lo del tapiz —dijo. Y antes de poner llave a la puerta le advirtió: —Faltan los establos. ¡Y no olvides los caballos!
La mujer tejía sin descanso los caprichos de su marido, llenando el palacio de lujos, los cofres de monedas, las salas de criados. Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer y tejiendo y tejiendo, ella misma trajo el tiempo en que su tristeza le pareció más grande que el palacio, con riquezas y todo. Y por primera vez pensó que sería bueno estar sola nuevamente.
Sólo esperó a que llegara el anochecer. Se levantó mientras su marido dormía soñando con nuevas exigencias. Descalza, para no hacer ruido, subió la larga escalera de la torre y se sentó al telar.
Esta vez no necesitó elegir ningún hilo. Tomó la lanzadera del revés y. pasando velozmente de un lado para otro comenzó a destejer su tela. Destejió los caballos, los carruajes, los establos, los jardines. Luego destejió a los criados y al palacio con todas las maravillas que contenía. Y nuevamente se vio en su pequeña casa y sonrió mirando el jardín a través de la ventana.
La noche estaba terminando cuando el marido se despertó extrañado por la dureza de la cama. Espantado miró a su alrededor. No tuvo tiempo de levantarse. Ella ya había comenzado a deshacer el oscuro dibujo de sus zapatos y él vio desaparecer sus pies esfumarse sus piernas. Rápidamente la nada subió por el cuerpo. Tomó el pecho armonioso, el sombrero con plumas.
Entonces como si hubiese percibido la llegada del sol, la muchacha eligió una hebra clara. Y fue pasándola lentamente entre los hilos como un delicado trazo de luz que la mañana repitió en la línea del horizonte.P
Rezo el credo (Aquiles Nazoa)
Creo en Pablo Picasso, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones, que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo , pero que cada día resucita en el corazón de los hombres; creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable; creo en los grillos que pueblan la noche de mágicos cristales;
creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa;
creo en la cualidad aérea del ser humano, configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;
creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niñez; creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música, yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré, salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma;
creo en Rainer María Rilke héroe de la lucha del hombre por la belleza, que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer;
creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia; creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar; creo en un barco esbelto y distantísimo que salió hace un siglo al encuentro de la aurora; su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles, junto a sus sienes un resplandor de estrellas;
creo en el perro de Ulises, en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas, en el loro de Robinson Crusoe, en Beralfiro el caballo de Rolando, y en las abejas que labraron su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero; creo en la amistad como el invento más bello del hombre; creo en los poderes creadores del pueblo, creo en la poesía y en fin, creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.
Aquiles Nazoa (Venezuela, 1920-1976)
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